La vieja sabia decía que ella era su propia casa y que el único forastero era el que no era capaz de habitarse a sí mismo, y era forastero en su propia tierra, exiliado de sí mismo, sembrando papas y cosechando cáscaras, el exilio es la peor de las condenas pero el propio exilio interior lo es todavía más, cuando enajenado de sí mismo el hombre construye realidades que no le pertencen, cree vivir en un mundo que en verdad no es el real, cree que sus valores son suyos y es capaz de defenderlos con su vida, pero el hombre necio que no habita su propio cuerpo no sabe que esos valores son en realidad los de esos señores que quieren dominar sus mentes, sus sueños y sus cuerpos, esclavizarlos y torturarlos, porque cuando el hombre o la mujer se abandonan a sí mismos, no pueden crear y reproducir sino cadenas, con que amarrán sus propios cuellos, y los obligarán a vagar sin rumbo, atados a imágenes que nunca les fueron propias, les obligarán a adorar a unos dioses que nunca producirán milagros para ellos
y no se darán cuenta jamás que aquello que creen que es lo más valioso y esencial en ellos no es, en realidad suyo, que todos los principios por los cuales inmolaron sus conciencias en realidad no existían, y todas las personas que creyeron amar en sus tristes y miserables vida en realidad nunca las amaron y hasta quizás ni siquiera existían en este mundo. Esos señores de allá arriba les harán creer que sus vidas son suyas y que sus pensamientos son originales, y que sus propias vidas son reales, ellos no querrán nunca, que el forastero regrese un día a su hogar, que lo habite de una vez y para siempre, en su propia tierra, una tierra que es sólo suya, la tierra madre. La vieja sabia tenía razón cuando nos decía: habitar al otro en cada uno y cada uno habitar en el otro, reconocer al otro que habita en mí, que yo mismo soy otro, uno y dos a la vez, el movimiento infinito entre el uno y el dos de nuestro vivir nos hace habitar, plenamente, la presencia del mundo.
La presencia del mundo en nosotros, nos hace estar presentes y existentes en él, por cuanto nos comprometemos a servir a la tierra y a las demás personas de la tierra. La vieja sabia nos cuenta una vez mas una historia real, cotidiana, de esas que vemos todos los días al cruzar la calle de enfrente.
Ese candor universal, simple como el método llamado generalmente amor,
es la cáscara profunda, primitiva como el homo sapiens, decrépita, desolada, vergonzosa y anal, tan profunda como miserable, la superficie dolorosa, esas cosas insignificantes que no importan a nadie, eso que nadie mira a la hora de hacer el amor. Eso que no es sino acto, y no idelogía de mercado, nadie te lo dijo antes, tus padres nunca te lo adviertieron y la sociedad te lo ocultó hasta el final, ese momento en que ninguna de la guevadas que usó para engrupirte importa, y lo que tienes frente a tí es de verdad, un artefacto sexual claro, pero vivo al fin y al cabo, nadie te lo advirtió, tuviste que vivirlo para saberlo, tuviste que haber manchado unas cuantas sábanas para saberlo por ti misma, y decir con propiedad, que hablas por experiencia propia, como si la experiencia propia no fuera una mierda también. Dady yanquee y la tele no te lo advirtieron, ni tus amigos drogadictos, ni tu abnegada y virginal madre, tuviste que descubrir todo esto por ti misma, descubriste al fin que no importaba si el payaso con que te metiste era bi o heterosexual si era del colo o de la U, y en fin.. todos los binomios que usted conoce, aprendí cosas que hasta el día de hoy no me acuerdo,
como serán de míseras e insignificantes.
Ay¡¡¡ los ocios que el poeta pagano anunciaba no han venido; la pasión ciega perversa, homicida del trabajo, transforma la maquina liberadora en instrumento de servidumbre de los hombres libres: su productividad les empobrece.
A medida que la maquina se perfecciona y abate el trabajo del hombre con una rapidez y precision crecientes, el obrero en lugar de prolongar su reposo de antaño, redobla el ardor, como si quisiera rivalizar con la máquina, OH¡¡ competencia absurda y asesina¡¡¡
Estos obreros tenian tiempo para gozar de las alegrias de la tierra, para hacer el amor y divertirse para festejar alegremente en honor del regocijante dios de la holgazanería. el trabajo ha debilitado nuestros cuerpos y empequeñecido nuestros espíritus, y es entonces cuando el hombre estrecha su estómago y la máquina ensancha su productividad , es entonces cuando los economistas neoliberales nos explican la teoría de la productividad y es entonces cuando nosotros deberíamos arrancarles la lengua y echársela a los perros. Nos seguimos dejando adoctrinar.